miércoles, 7 de enero de 2015

Guido Girardi y sus escandalos



Las acusaciones de “malas prácticas” contra el senador PPD Guido Girardi, presentadas por el precandidato presidencial Andrés Velasco siguen dando de qué hablar.

Bien lo sabía Jovino Novoa, víctima del ofrecimiento de zapatillas a un joven de escasos recursos para que declarara en su contra en una de las acciones más deleznables de la historia política chilena.. Pensé, de buena fe, que reiteraría la republicana actitud de, entre otros, Pedro de Vivar y Azua, primer Presidente en 1812 o de Camilo Henríquez, de los Alessandri, de Frei Montalva, de Patricio Aylwin, o más recientemente, de Gabriel Valdés, de Andrés Zaldívar, de Adolfo Zaldívar, de Sergio Romero, de Hernán Larraín, y privilegiaría el honor de su cargo por sobre sus intereses políticos..Lamentablemente me equivoqué. Girardi no ha estado a la altura de su cargo.



Diría, a juzgar por las imágenes, que se sentía más parte de ellos… que representante del Senado. Mucho menos Presidente del mismo.

Guido Girardi se vio envuelto en un nuevo escándalo político, tras su controvertida participación en el denominado caso Spiniak. Ver más en la columna: Guido Girardi y su reseña

Por eso, cuando en 1997, queda grave tras un choque automovilístico cuenta con el apoyo de muchas personas. En 2005, hizo llamadas a la entonces subsecretaria de Carabineros, para que destituyera a dos funcionarios policiales que lo habían infraccionado por exceso de velocidad en la ruta a Valparaíso

Y, justo ahora, en plena crisis de ideas y de acciones de la Concertación, se decide nombrar en uno de los cargos políticos más importantes al gran iluminado de los calcetines rojos, Guido Girardi Lavín Andrade, PS, manifiesta que “el acuerdo para la presidencia del Senado se va a honrar… el nombre del senador Guido Girardi no se revisará’’, frente a Tohá, PPD y Walker, DC que lo respaldan sin convicción.

“Esta es la voluntad que queremos reiterar”. La primera cualidad por la cual un político debe luchar es la honestidad, es decir, la ausencia de contradicciones y discrepancias entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Y no solo se debe ser honesto sino que parecerlo. La segunda cualidad que debe poseer un buen político es poseer una mente trabajada en la rigurosidad del saber y de hacer las preguntas correctas. Los políticos deben ser reconocidos claramente por la ciudadanía por las convicciones que sustentan y defienden. En otras palabras, el carácter se pone de relieve en la manera como el ser humano, procede consigo mismo y con los demás, en la manera de cumplir lo que se le encarga y en la manera de tratar las cosas. Así, la persona obtiene un reconocimiento implícito por parte de los demás, es decir, pasa a ser reconocida como una persona honorable. Guido Girardi no pasa el test de la blancura en política y representa a lo peor que le puede suceder a una pseudo-democracia como la nuestra, y su presencia en la presidencia del Senado nos recordará siempre nuestro fracaso en la construcción de una clase política honorable.

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